¡AVE! Amado Vino Español.

Aunque dicen que los dioses te crearon, con humanos todo comienza con una buena temporada de lluvias que es rematada con excelente sol, cultivado en cualquier campo español y cuidado por personas enamoradas de su quehacer que laboran con esmero la dura azada. Recolectado con sumo control que llevan hasta tu transporte hacia el crisol donde afloras en fecha señalada. Aquí inicias tu crecimiento acurrucado en una barrica de roble como cuna, poco a poco, con un madurar lento, a oscuras, bajo el sencillo embrujo de la luna, así envejeces, hasta que llegado el momento te envasan en botella bruna.

ENOLOGO ENTUSIASTA

 

 

A mi salud.

Mateo lo tenía decidido, desde que falleció Fidela, todo se había desmoronado. La soledad lo estaba devorando, no estaba dispuesto a que se apropiara de su vida.

Silente, aterrado se acercó a las vías del ferrocarril con un destino fatal. Su espíritu comenzó recorrer los mejores momentos de su vida, empezaba a descansar. En ese momento, vibró el teléfono que su nieto le regaló. Tras mirar la pantalla, su semblante dibujó una sonrisa….una lágrima patinó por su cara.

Esquivando pensamientos volvió a casa, sentado en la mesa abrió una botella de vino y degustando el caldo añejo…susurró “cagüen la leche”.

ENOTECARIO

 

 

Abuelo.

Le recibiría con un buen vino, el suyo. Recordarían los veranos de cereal y majuelo antes de, a las 12 en punto, iniciarse el ritual de la comida con su descenso a la bodega. Primero fue el pan con vino y azúcar, luego cerraban los ojos al mezclarlo con gaseosa y, por fin, pudo disfrutar de copa, aunque su abuelo dejó de acompañarles muy pronto. Hoy, a las 12, como todos los 12 de cada mes, le espera en la mesa camilla. La mejor botella, maridada con el cariño y el recuerdo. Brindarán por todos, por la familia.

SIETESON

 

 

Alguien con quien hablar.

Cerró con fuerza. Se le escapó la puerta. Otra vez. Esperaba su llamada de atención, su advertencia. Estaba elaborando ya la disculpa automática.

-No controlo la puerta, ya lo sabes, perdona.

Pero nada acalló el eco del portazo. No se extrañó, porque siempre supo que sucedería. En realidad, siempre creí que pasaría antes.

Abrió la botella y llenó, como siempre, dos copas, para beberlas como nunca: a solas. Puso música. Diana Krall murmuraba “I just want someone that I can talk to.” Quizá decía la verdad; quizá sólo quería eso. Y bebió el vino, no para olvidar, sino para recordar.

BELARDO

 

 

Amor monovarietal.

¿Qué queda en la memoria de tu cuerpo? ¿Cuáles eran los nombres de las uvas que olfatearon los últimos parientes que ejercieron a solas el oficio de bodegueros? Imagino que entre esos viejos pasillos y recovecos que sólo he visto en documentales aguarda un perspicaz dios terrenal. Hoy te han traído a casa, frágil y bien despierto ya. Para celebrarlo abro una botella de un vino del sur de este país, enteramente elaborado con la pequeña monastrell. Un solo perro, un solo amigo en cada encuentro, una sola uva en cada vino. Soy así, y a ti te llamaré Mona.

OSEZNO

 

 

Añadas.

Todos los allí presentes, se acomodaron esperando el alegato final. Alberto, el amante de la señora, había sido asesinado en la hacienda. Lo habían encontrado tirado en el suelo con una copa de vino rota a su lado. El vino era añejo, de la bodega privada de los señores.

—El vino está envenenado, dijo el enólogo allí presente. —Esta añada tan antigua, no presenta los típicos toques agrios tan particulares.

—Culpable, dijo el agente. —El contenido de la botella ha sido cambiado por uno del año, pero ¿Por qué señor Darío?

Agachando la cabeza dijo: No sabía diferenciar…

PACIENCIA

 

 

Báilame por bulerías.

La novia flamenca frente al novio montado a caballo comienzan a bailar por bulerías, mientras tanto se escucha al cantaor acompañado de los acordes de guitarra, el cajón y las palmas de los asistentes. Entre el bullicio, Cayetano, primo del novio, observa sentado y cata un vino jerezano. Al apaisar el vino cierra los ojos y mientras escucha la guitarra, le viene el olor a jazmín. Tras el primer sorbo, cierra los ojos y la frescura del vino junto al olor a tierra húmeda del rocío de la noche se mezclan en sus sentidos. ¡Que vivan los novios!

REBECA KEANE

 

 

 

Beber un sueño de vino.

Me desperté en la bodega después de una noche amarga.

Un vacío se instaló en mi estómago…

Mi amor se había marchado, sólo el vino lo allegaba.

Vino tinto, vino blanco, vino dulce y vino rosado.

Fiel compañero me hizo tener sueños de alegría lujuria y pecado.

“Cállate” le decía, girando el vino en la copa… “la explosión está cerca. “

Su calor pasó por mis venas, creí reventar, pero aguante y aguante…

Y poco a poco fue llegando mi amor.

¡EL AMOR PROPIO POR MI ALMA OLVIDADO!

NOCHE EN VELA

 

 

Carpe diem.

La guardaba para una ocasión especial. Una buena cosecha, un vino excelente. Había sido un buen año. También para él, por eso no le importó el precio.

Pero pasaron días, meses, años sin que nada le pareciera a la altura, nada que mereciera ese honor.

Sin saber por qué, aquella noche se topó con la botella, ya por completo olvidada. No lo pensó dos veces. La abrió y se sirvió una copa. Aspiró con delicadeza dejándose envolver por el reconfortante aroma. Bebió un sorbo. Y cuando el preciado líquido invadió todos sus sentidos, comprendió que realmente estaba viviendo una ocasión especial.

ESCARLATA

 

 

Chet Baker.

Se lo ha preguntado mientras descorcha la botella.

– Preferías vino blanco. Pero hoy todo es “negre”.

– ¿Sabes por qué toco como toco? -le respondió Chet, esperando con una copa en la mano – Siempre caía la nieve tan lenta en el valle, diferente, impoluta, que al unirse a la carretera quedaba convertida en suciedad. Sólo quien se sale del camino conserva su pureza.  Esa es mi manera de ser lento.

Antes de tirarse desde la ventana recordó aquella conversación.

Nunca quiso ser un pájaro, sólo un músico de jazz. Su melodía, aquel rostro abrumado por la vida.

ANDORRA

 

 

Como vino me tinté.

Tenía ojos de vino tinto, de esos que te miran desde la barrica destilando pasión.

Y su pelo eran zarcillos que trepaban por su cabeza. En ellos me colgué.

Quise bebérmela a sorbos en todas las catas que la vida me brindó.

Y me emborraché. Una y otra vez.

Ahora solo me queda la resaca de ese amor que un día fue y ya no es.

SARMIENTO

 

 

Confesiones de un borracho.

Aquí estoy mirándote. Tú color llena mis sentidos, no deseo moverme por no perder el embrujo del momento. ¡Ummm!, tú olor, ¡madre mía cómo hueles!, es seductor. Tú frescura afrutada cómo deseo saborearla inundando despacito cada papila, cada rincón de mi boca, sabiendo que al final surgirás abrasador y desgarrador sin importarme, amado mío. Te deseo tanto como te odio. Sin ti no se vivir, mas…  últimamente, he de confesarte, te he sido infiel y tú lo sabes mi querido “Jumilla”. Ayer coquetee con el “Ribera” y me gustó. Hoy sueño con los dos.

-comenta a su botella de vino.

BRUMAS

 

 

Contrastes.

La vela que alumbra el vino blanco en tu mano morena no deja de invitarme a la fiesta, están reunidos los corazones alegres, los aires frescos de verano y el último sol del atardecer. Hay un silencio hasta que un suspiro se anima a hablar, toma su copa y agradece a los presentes: Bienvenidos! Parece que nadie se conoce, sin embargo, al estar bajo esta vela y bebiendo de la misma luz, todo está sincronizado. Finalmente, te alcanzo, nos volvemos uno en esta fiesta de sombras.

ISAIAS

 

 

Cuestión de taninos.

Tu boca tenía el intenso color cereza del vino envejecido en barrica. Cuando me ofreciste beber, supe que estaba perdida. Me cautivaron la complejidad de sabores, las notas cálidas, el suave reflejo rubí. Persisten en mi paladar los toques balsámicos y la madurez de los taninos. Me envuelve el recuerdo de un tenue aroma a madera y a frutos silvestres. Busco tu boca en otras bocas y la búsqueda es en vano. Sigo sin saber qué fue lo que pusiste en tu copa para embriagarme así.

MENCIA RIVERA

 

 

De cartón a cerezas y jazmines.

Encerrado a doce mil sobre el mar, muy solo pero acorralado, y a siglos de ninguna parte, me sugiere la azafata un vino para relajarme.

¡Qué fácil! ¿No?

Vino de cartón en botellines de plástico… aunque un gran Ribera a ojos de los viejos Smith, compañeros accidentales de jaula que ya llevan cuatro.

Suspiro, cierro los ojos, y convierto el cartón en madera de roble, en cerezas y jazmines, en unas risas con amigos, una sobremesa infinita, en un debate apasionante, en el aroma de la sala de barricas con vosotros, los míos, y en aquella cena perfecta contigo.

KOSMOS

 

 

Do I wanna Know? Artic Monkeys.

Mirada fija en lo más hondo de la copa; color pasión, fluidez y fuertes aromas afrodisíacos. Dulce y suave roza tus labios, la primera gota (de amor) se recrea en tu boca inundándola de sabor y textura, viaja por lo interno de un cuello que se estremece. Empieza el ardor (intenso y placentero), pasa entre dos turgentes montañas y recorre la llanura del Anhata (cuarto chakra). Instante juguetón en el ombligo que continúa hacia el centro de las caderas, parte alta del triángulo de las bermudas; final sugerente, (surge entre) suaves aullidos cariñosos que con(f)(c)luyen en un éxtasis ensordecedor.

SRTA. CS.

 

 

El arte de un asesinato.

El pub estaba vacío, la noche fría y la luna llena. De fondo, como una canción, las sirenas de policía retumbaban cada vez mas cerca. Dentro del recinto, trás la barra, atabiado con un sombrero blanco sirvio las copas, vertiendo en su interior el vino rojo que coincidia a la perfección con la sangre derramada.

¡Salud , querida! -Alzo la copa de Rioja llevandola hacia sus labios-

Ella bebio dedicandole una mirada coqueta. Entrelazando sus dedos tiro de ella en un beso embriagador. Al romperse, este salieron de allí dejando el cuerpo y las copas como única señal de su crimen.

ARABELLA SVORS

 

 

El beso.

Después de siete horas, llegué a Nájera.

Ya en la bodega, me dijeron que intentarían  localizarla.

Degustando el vino que iba a comprar, la ví pasar.

Me aproximé y me sonrió. Cogí sus manos acercando mi mejilla a la suya.

Con sus ojos cerrados recorrí sus párpados con mis dedos pulgares, los abrió y miró fijamentea a los míos.

Le besé una y otra vez y lo hice sin prisa, con suavidad e intentando al mismo

tiempo, ver sus pupilas. El beso, como el vino, fue intenso y el abrazo infinito.

NAN CARTAGENA

 

 

El espíritu de Hubba.

Hubba perteneció al grupo de cazadores del clan hasta quedar embarazada de su compañero Zeppa, tras lo cual se convirtió en recolectora. Almacenaba las uvas en un tocón de roble hueco dentro de la cueva. Tiempo después ambos tomaron el zumo fermentado, al que llamaron vino. Les surgieron nuevas palabras, idearon herramientas, aprendieron a conservar el fuego y a cocinar los alimentos. Pintaron su entorno en la sala más profunda de la caverna. Hubba, con sus ungüentos,  cicatrizaba las heridas, calmaba los dolores y con el espíritu del vino sanaba el ánimo y estimulaba la inteligencia de su pueblo.

UYAO

 

 

El rojo del vino.

El carmín rojo sobre el abombado cáliz de aquella copa de borgoña semivacía le presagió el macabro hallazgo del cuerpo abatido del señor Piedrahita.

Con caminar tembloroso,  se dirigió hacia la cava del señor confirmando con estupor sus sospechas. El gran reserva del año de la boda del señor estaba abierto.

Recordó aquel momento en que, con la mirada perdida por el sufrimiento padecido a causa de su marido, la señora le dijo: “esta botella la guardo para una gran ocasión”.

Candela, la doncella, avisó a la policía y con complicidad indulgente lanzó a la basura la copa de vino.

DEVIRO GREY

 

 

 

El Lagar.

Desde siempre, estaba allí. Su construcción se había emprendido tiempo atrás, décadas me atrevería a pensar, si no siglos. Nunca me pregunté, desde cuándo estaba, pues su imagen, era más que familiar desde hacía generaciones.

Su presencia majestuosa, su peculiar y entrañable olor entremezclado con madera envejecida por el paso de los años junto a la piedra ennegrecida, se alzaba impecable, en mitad de aquellos viñedos sinuosos.

Más que nada, su importancia estaba no en lo que aquella joya de lagar representaba, pues atesoraba fruto de la sapiencia labrada por el trabajo de muchos, aquel inigualable, peculiar y único vino.

COSECHADOR DE LETRAS

 

 

Ellen y Rachel.

Ellen y Rachel eran amigas selectas de día y amantes endiabladas de noche. Llamaban la atención debido a su belleza y exquisitez, aunque lo que más las caracterizaba era su excentricidad teñida de oscura pasión. Coleccionaban frascos con jugos de uva y canela, animales exóticos y elixires de juventud, pero aquello que las hacía enloquecer por completo eran las pieles. En todas sus vertientes.

SIMONE

 

 

En la bodega.

“El vino es un ser vivo”, dijo mientras hacía girar su copa para observar su color y aspirar su aroma, “un ser vivo que debe ser tratado con mimo para que llegue a desarrollar todo su potencial”. Levantó la vista y pude ver en sus ojos del marrón de las barricas donde envejecían sus caldos, la pasion por el trabajo bien hecho arraigada generación tras generación, una vocación grabada en sus genes. Y en ese momento supe que quería quedarme allí y sumergirme en la profundidad de sus ojos hasta que me mirasen con esa misma pasión.

WANDA WOOD

 

 

En mi cabeza.

Noveno mes de mi año cero. Sigo avanzando en este arduo proceso de transformación, tratando de exorcizar mis pensamientos. Sin embargo, a mi alrededor nada parece haber cambiado: voy a la compra, pago facturas, hago las camas… sólo tú, tú que ya no estás aquí y sí el silencio instalado en esta tarde lenta.

Me he dado un baño para calentar mi cuerpo y entregarme a placeres antiguos: unas cremas, mi albornoz y una copa de vino tinto. Suena Billie Holiday “you go to my head”.

Un libro en mis manos. Miro el reloj. Treinta minutos y fin del hechizo

MARVEL

 

 

Encuentros de vino.

Bebía, bebía y leía.

“Primavera Señor, es la esperanza, es la paz, es el beso, es la alegría”

y como si fuese la primera vez que juntaba esas letras cada palabra pasaba por mi garganta con diferente sabor.

Sabor a terruño, sabor a historia, sabor a poesía, sabor a monastrell desgastada por el sol de primavera, sabor…a estar en casa.

Y así, cerré los ojos y le dije, ponte otro vino Carlos y sigue, sigue escribiendo.

ALMA

 

 

Félix.

Se reunieron en su casa y recogieron todo en silencio. Les llevó todo el día empaquetar los restos de toda una vida. En realidad, de una corta vida. Félix se había marchado pronto, discretamente, sólo sus más allegados sabían que el cáncer lo consumía.

Y todos ellos estaban allí, sentados en torno a su mesa para rendirle un último homenaje. Unas sencillas tapas y una botella de vino que Félix tenía reservada.

Al intentar abrirla, se deslizó de unas temblorosas manos y se hizo añicos contra el suelo. De repente las lágrimas volvieron, mientras miraban fijamente el caldo derramado.

HEMINGUAY

 

 

Ficha de cata.

Como cada viernes, abrió una botella de aquel Rioja de 2008  sin etiqueta. Pensaba especular con su venta pero decidió catarlas  semana a semana.

Fase visual: Intensa capa con tonos amarronados, algo turbio. Se había oxidado. El corcho salió sin mucho esfuerzo.

Fase olfativa: Equilibrio  de fruta roja y madera con un sabor especial a almendra amarga.

Fase Gustativa: Buena estructura en boca con final amargo.

En su sofá, se reía de aquellos catadores a los que odiada sin saber que la sombra que hacía días le perseguía,  había conseguido maridar su vino con dosis ingentes de cianuro.

OINOZ

 

 

Gachasmigas ruleras.

¿Por qué no preparáis unas migas?

Enésima vez que realizaba esta pregunta; los que con él estaban se miraron de manera cómplice y sin hablar decidieron dar cumplida respuesta a la pregunta del abuelo con 91 años.

Salieron  con el objetivo de preparar unas migas con tropezones, para ello compraron los ingredientes,  y se pusieron manos a la masa;  primeros de julio del cálido y seco verano del sureste.Hemos traído migas ¿te apetecen?

Las fue comiendo acompañadas con melón; terminadas, preguntaron: ¿Cómo te encuentras?

Con cara seria: Me faltó el vino, “pero redondo como unas tenazas”.

Era su respuesta.

ARZOBISPO DE LA HIGUERA

 

 

Gran reserva.

Descorcharon el Gran Reserva que habían comprado en una bodega riojana. Lo reservaban para cuando tuviesen algo qué celebrar y había llegado el día de saborear aquel caldo. Su padre le había contado muchas historias acerca del vino y de las bodegas de su pueblo burgalés y quería que ese Gran Reserva también formara parte de sus recuerdos. Después de una espera de más de 7 años aquella misma mañana habían recibido la llamada que tanto esperaban. En pocas semanas comenzarían los trámites burocráticos y tendrían en sus brazos a su hijo. Por fin, iban a ser padres.

MARTIN VILLAS

 

 

Heredad.

Transcribió el notario:” tierra de viña, once áreas, noventa centiáreas…”

Los últimos rayos de sol acarician la frente sudorosa; duro día, muchas horas.  Al horizonte el sol se esconde, al trasluz cepas recién cavadas, arcilla caliza suelta.

En su caricia, la mano madura y áspera encuentra un tierno brote sobre el sarmiento desnudo, esperanza…

Quizá algún día pueda, como mi padre, sentir en una copa el alma de un vino con perfume de esta tierra reseca, del romero y del esparto, la fragancia refrescante del granado…

Promesa de amor a tu savia y a mi sangre, brindo por ello!

CHICHARRA

 

 

Historias de la huerta.

Cuenta Isidro que ríos de sangre corrían por las acequias de su finca en la huerta, aroma acre, olor a muerte, silencio. Aquel año el vino se agrió y había que hacer hueco en las botas para la nueva cosecha. Tiempos difíciles, ruina y trabajo baldío. La reina Monastrell moribunda regresó a la tierra seca que le dió la vida como abono. Suelas de esparto, manos fuertes y ajadas la trabajan. Ella renacerá como fruta roja madura con su amable calidez, hierbas secas del monte y su punto de frescura si el hacedor es sabio y el tiempo acompaña. Salud!

CHATO

 

 

Hoy ya no.

Veo tu foto llena de polvo sobre la mesilla. Supongo que tendría que quitarla de una vez por todas, pero siento que eso sería seguir dándote más importancia de la que te mereces. Incluso sería superior a la que me prestaste en todo nuestro matrimonio. Pero tranquilo, no te echo nada en cara, solo me gusta ver como el polvo te consume mientras yo hago lo mismo con una copa de vino. Dulce y fuerte, como tus mentiras, pero sin ese dolor del engaño. Te quise, lo sé, lo sabes. Pero hoy ya no. Nunca más.

JLAPIZ

 

 

La dilación de la sonrisa.

Un suspiro. Profundo; acompasado al soplo de la brisa que atravesaba la entornada ventana, dejando ver la oscuridad de la noche.

Se deslizaban con gracia las aterciopeladas cortinas.

Al menos ellas, desobedecían el ritmo acelerado que marcaba el maldito tic-tac del reloj que dictaminaba demoledor, el tiempo.

Y allí estaba ella: absorta en el llameante fuego de la chimenea que alumbraba la alcoba, mientras sus carmesíes labios se fundían gráciles en su copa de vino.

Entonces sintió una cálida mano en su hombro, según contemplaba el reflejo de la mirada que desordenó su espera.

CARMEN CANDY

 

 

La espera.

El dragón extendió sus intimidantes alas mientras que Lucía, tumbada sobre la cama de marfil, observaba con ojos curiosos el despliegue tras el cristal. Las mandíbulas acusadoras y aquella nariz, más propia del infierno que del viñedo recién heredado de sus padres, indicaban que un peligro real se cernía sobre ella pero entonces, cuando los créditos de su vida comenzaban a recorrerle las pupilas esperando el final, Lucía terminó su copa de vino tinto, la colocó con cuidado sobre la mesita y en un alarde de sangre fría, se metió entre las sábanas, susurrando:

  • ¿Por qué has tardado tanto?

I.S. GEISERMAIN

 

 

La espera.

Tengo mucho frío, el aire traspasa mi ropa, y no deja de llover. ¡Qué día más triste! Menos mal que ya es viernes, la semana ha sido muy dura. Deseo llegar a casa, quitarme el abrigo, lavarme las manos y después a la cocina, ¡umm! Partiré el queso de cabra y me serviré un poco de vino, el que tengo reservado para ocasiones especiales, el de la bodega de mi abuelo. Me encanta su aroma, me transporta a aquellos años felices de mi infancia. ¡Mira! Llegó el autobús, ya queda menos para llegar a casa.

LINA

 

 

La mar y yo.

Con una copa de vino en la mano, paso la mañana de domingo contemplando la mar inmensa.

Mirando un espejo de agua, las gaviotas flotan en la plata líquida que hoy es mi mar.

Una balsa de aceite plomizo.

Mi sol esta tímido, el cielo está triste, cubierto de soledad, sin su luz de vida.

La mar hoy está cansada, ya lloró bastante ayer, ya llorará mañana.

Hoy la mar quiere paz, como la quiero yo.

Hoy la mar refleja la tristeza del cielo, refleja la turbidez de mi alma.

Hoy la mar está tranquila, hoy yo tengo paz.

TERELO

 

 

La salida.

Él sirve una copa de vino de aguja, similar al que tomaron en la primera cita, hace ya más de cincuenta años. Ella diluye un par de pastillas en el líquido. Beben por turnos, mirándose a los ojos. Entre los dos, la orden de desahucio parece bailar bajo la llama de una vela.

BALABUSHKA

 

 

Laminado.

Crecí y me eduqué con el miedo a que una hélice metálica me separara de él.

Leí y me formé tanto como pude para estar prevenido cuando lo viera llegar.

De 2 tiempos, de rosca o en forma de “t”. Hasta aprendí idiomas para protegerme de los blister o los rabbit.

Me lacré incluso.

Por eso, nada temí cuando dos desconocidos brazos me acariciaron a lo largo de todo mi cuerpo y se abrazaron a mí con extrema suavidad.

Así perdí mi función y a mi cautivo a manos de mi ignorancia y mis prejuicios.

“De láminas” lo llaman.

SIC

 

 

Las vides femeninas.

Me contó mi abuela, que solo bajo la luna llena se puede apreciar, que cada vid, eleva sus ramas como elegantes brazos, que contienen el ser de una ancestral  mujer, de voluntad férrea, valiente, modelo de virtud, bondad, símbolo de hogar y fertilidad, espíritus femeninos que con sus taninos, ruborizan el aire, tiñen el agua, colorean la epidermis  del ser que la saborea, inundando  su garganta, a través de cálices con forma de copa de cristal, que en realidad son el ombligo de esas hermosas mujeres, que han elegido perpetuarse en bellas vides, para regalarnos su esencia, convertida en vino.

MUTATIS MUTANDIS

 

 

Latiendo.

Vino. Vino corriendo por sus venas, y el corazón latiendo bajo su piel. El principio, entre el miedo y las expectativas. El futuro, el pasado, pero por encima de todo, el presente.

Él. Él besándola la primera vez, lento y rápido, suave y decidido, devolviéndola a la vida, creando dudas para despejarlas un segundo después. Mil palabras dichas en la oscuridad de la noche, pero también a la perfecta luz del día.

Y vino. Vino latiendo por sus venas, ralentizando el avance de las agujas del reloj, porque sólo existe el ahora para ella, y esta noche.

MARGARET THORTON

 

 

 

Los sonidos del vino.

¿Acaso no buscamos en la liturgia del vino, sus colores, aroma y sabor? Encontramos flores, frutas y especias. Saboreamos vainilla, cítricos y miel. Vista, olfato y gusto que dan la vida.

Pero, oh Dionisio, dime – ¿Dónde quedan los sonidos del vino? ¿Acaso no desprende el tenaz alcornoque un sonido hueco, un lamento ancestral cuando es de la botella extirpado?

¿No llora el vidrio una dulce melodía presagio de ambrosía? ¿No grita el cristal vibraciones de júbilo? – ¡Salud!

No desprecies pues, oh Baco, en tu ritual, al oído, pues antes que nadie ejerce de heraldo de felicidad.

AMBROSIO SPINOLA DORIA

 

 

Lucía, la luna y el vino.

Los ojos le brillaban como si su luz emanara del corazón, su risa tan autentica como contagiosa. Es espectacular y ese vino le sienta genial pensé. Es casi tan dulce como ella.

Me estaba enamorando. Se dio cuenta de que estaba cautivado, se avergonzó y volvió a reír.

Disfrutamos de una cena increíble en la tranquilidad de la noche, ligera y fresca, como el aroma que procedía de nuestras copas. La luna ella y yo. La noche perfecta y en ese momento me di cuenta de que no quería que se acabase ni la noche, ni ella, ni el vino.

EL SEÑOR DE LA NOCHE

 

 

Mala cosecha.

Mientras descorchabas la última botella de un vino malo que quedaba en mi despensa  para seguir hablando de por qué  lo nuestro no tenía cabida

en tu vida…

Yo intentaba recoger los trozos de mi alma que habían quedado esparcidos por la quimera de mis sueños.

Me levanté,

hice sonar esa canción que tanto odias,

agarré la copa con fuerza,

y mientras tú brindabas por el futuro y yo por el pasado…

Una mirada nos bastó para adivinar el principio de aquel final.

LAULOVI

 

 

Mi rincón favorito.

… Hace días que no viene, pero cuando lo hace se acomoda en el sillón y con delicadeza me apoya en sus largas y fuertes manos, me abre y siento como me penetra con su mirada. A veces, de un pequeño mueble extrae una botella y, tras un ritual de apertura,  derrama un líquido brillante en una límpida y curvilinea copa a la que agita con enérgicos movimientos de rotación, como derviches danzantes, que aromatizan nuestro rincón, la acerca a su nariz, inspira, asiente satisfecho, la mira, vuelve a agitarla y besándola los ojos se le cierran de placer …

SARMIENTO

 

 

Momentos.

Glub, glub, nunca. Beso apagado. Empezamos a disfrutar del vino. Sorbo corto, beso divino. Frustración, perdidos sin saber por donde empezar, a quien acudir. Estábamos a tan solo un paso. La cultura del vino en ebullición.

Mensaje en una botella. Una frase cuajó en nosotros y fue el estímulo que necesitábamos: “Los vinos españoles, todos son buenos y algunos excelentes”. El temor se tornó en curiosidad y la frustración en confianza.

El hogar se fue llenando de vinos variados y fuera de casa, copa a copa, nos dejábamos sorprender.

Nuestro comienzo, nuestra pequeña aventura vinícola, nos ha permitido coleccionar momentos.

JAVIYSANDRY

 

 

Nada en vano, todo en vino.

Mi abuelo Argimiro, hombre de poca fe y mucho vino, siempre dijo que el día de su muerte no quería misas ni velorios, que directamente a la tierra. Pero que en el ataúd, <no gastéis mucho en madera decía>,  le metiesen dos botellas de vino para el trayecto. Y así fue, el 24 de enero de 1964 en el frío cementerio de Sojuela, dos serios enterradores bajaban a mi abuelo… y de repente ¡Voop! el sonido de un descorche rompió el misterioso silencio. Las miradas con gesto sonriente se cruzaron y yo dije….buen viaje abuelo.

KIMBA

 

 

Nostalgia.

AYER, me enfadaba cuando la nostalgia se adueñaba de mis padres, con su mirada perdida recordando su tierra, de la que de alguna manera habían sido expulsados. En esos momentos me sentía ajena a ellos, excluida de sus afectos.

HOY, estoy en el lugar de sus ensoñaciones, de una belleza indescriptible es la Ribeira Sacra, con sus pendientes laderas bajando hacia el río, como una enorme y pendiente escalera donde cada peldaño está cubierto de vides.

MAÑANA, con una copa de su preciado vino me despediré de ellos, diciéndoles que ya no estoy enfadada, que hago mía su saudade.

CATIVA

 

 

Pieles.

Tierra y agua se mezclan bajo el sol testigo de una melodía. En ella juegan las raíces del cálido recuerdo en el que un día de verano, en la mesa,  compartí la sencilla alegría de vivir. Allí, con una sonrisa traviesa, mi abuelo dejaba caer en mi vaso un privilegio sólo al alcance de los más mayores. Con nervios probé la dulzura de la inocencia, el tranquilo ritmo del viento y la aspereza del sentir humano. Ahora desnuda aquí a mi lado, cae la copa con la que brindamos y vuelvo a recordar.

PALIMPSESTO

 

 

Resistencia.

-¿Recuerdas hace un año, cuando llegaste aquí?

-Claro, si no llega a ser por usted no habría podido…

-El caso es que no fuiste lo único que encontré oculto entre la maleza en ese rincón de la ladera.-Mientras habla, el hombre anciano se sienta a la mesa y ofrece al joven un pequeño recipiente de barro.

-Mi abuelo me contaba que sus abuelos fueron de los últimos en dedicarse a recolectar y trabajar el fruto de esas plantas.

El chico da un trago, saborea y pregunta atónito al anciano:

-¿Qué es?

-Lo llamaban vino.

-Jamás entenderé la guerra…

HYRULE

 

 

Rivales.

Sin saber por qué, le di un puñetazo. Lo mirabas embelesada mientras él abría una botella de vino. Era la primera vez que lo traías a casa. Era Nochebuena y yo tenía diez años. Me enviaste castigado al cuarto. Fue él quien dijo que no podía permitirlo y quien jugó conmigo al parchís hasta la madrugada, obviando mis intentos de hacerle trampas.

Se ganó las disculpas que pronuncié a regañadientes. Y el lugar que esta noche ha dejado vacío en mi vida.

Hoy, le hubiera dado otro puñetazo para hacerlo reaccionar. Pero me quedé callado. Sin rival para el parchís.

LUCIA ANDERSON

 

 

Se fue y vino.

Contundente, así sonó el portazo que ponía fin a esa turbulenta etapa de mi vida, el calor de la calefacción y el dolor de cabeza no me dejaban ver que habría un después, abrí la ventana y el aire frío refresco mis sienes y mis ideas, pensé que una buena copa de vino haría más llevadero ese momento. Empezó a llover y una lágrima contribuyó a humedecer mis mejillas. Cerré la ventana. Creí que tardaría más en llegar pero entonces vino, esa sensación que me hacía ver que empezaba una nueva vida.

PALITO

 

 

Se vino conmigo.

Mi mano se dirigió hacia ella, una botella de vino que alguien había elegido y descartado en un lugar impropio. Un vino tinto en el estante de los vinos blancos.

No sé si fue el sentimiento compartido de estar en el lugar equivocado o la hermosa etiqueta que la adornaba. Se vino conmigo.

Días después recibí una visita inesperada que se alargó y acabó en una cena improvisada. Nunca antes un vino repartido en dos copas había sido tan propicio para una velada de certezas, descubrimientos y pasiones.

Han pasado diecisiete años, los tres seguimos juntos.

SOLO

 

 

Seducción.

Observo tu mirada clara y transparente, la sonrisa teñida de rubor.

Y me acerco a ti.

Tu perfume sensual me envuelve cuando te giras bailando ante mí.

Y me voy sintiendo más vulnerable.

Unas veces me contagias de alegría con tu risa chispeante, otras lloras con lágrimas de pasión.

Y soy cautivo de tu encanto.

Pero cuando, al fin, poso mis labios sobre los tuyos me embriagas con un mundo de sabores infinitos. Enlazo tu cintura con mis manos y entonces, irremediablemente, necesito apurar hasta la última gota de tu esencia… mi querida copa de vino.

ENVERO

 

 

Sin nada.

Sin beso de buenas noches con olor a tabaco y vino. Sin energúmenos que se ríen de mi manera de patear la pelota en el recreo. Sin gritos en casa cada mañana. Sin golpes. Sin sangre en la nariz. Sin espejos. Sin las horribles pecas de mi cara que se avivan con el sol. Sin ese sol que, poco a poco, se hace más tenue, hasta volverse apenas una lucecita azulada y ondulante que baila con las últimas burbujas que salen de mi boca.

DJOBI

 

 

Sobrebeber.

Faltaban apenas unas semanas para jubilarse. El sector tres volvía a abrirse después de diez años. Todo estaba dispuesto como recordaba, quizás porque fue él quien cerró aquella sala.

Comenzó a moverse como un autómata. Apiló las sillas, preparo la ropa para la lavandería, guardó el instrumental y recogió la mesa donde anoche se sirvió la última cena. Quedaba media botella de vino. Dudó un instante, finalmente se acercó al dispensador de vasos y se sirvió un trago. Al terminar lo arrojo a la basura, cerro la sala de ejecuciones de la prisión y por primera vez comenzó a llorar.

ANTONIO MENCIA

 

Stellenbosch.

En aquella casa, cerrada tantos años, aún reinaba el aroma a cepa, madera, tostados y bayas rojas, a especias resguardadas por roble.

Se estremeció. Su abuelo solía decirle que el vino, como el hogar, eran básicamente eso, olores asociados con experiencias. Degustar secretos, equilibrar el vértigo, disfrutar del viaje. Aromas que despiertan el recuerdo del alma pura.

Por las ventanas de madera desvencijada se colaba el sol de un África Austral que, delicadamente, bronceaba el color rubí del vino que vacilaba en su copa, inundándolo todo de intensidad. Era la fuerza de sus raíces, de su hogar, su alma pura.

ALBARIZA

 

Sueños encontrados.

Y no quiero despertar y ver que mi mundo paralelo es un complejo sueño.

Sentirte tan cerca, cogerte de la mano y oler tu piel.

Pasear junto a la playa, apoyar mi cabeza sobre tu pecho, una copa de vino, que difícil sueño. Una vida paralela surge cuando cada noche cierro los ojos.

Es mi otra realidad de sentimientos encontrados y que me gustaría poder disfrutar. Una puerta abierta a otra realidad inexistente, una puerta que no se ha cerrado junto a una ventana llena de luz por la que puedo mirar tras ella pudiendo Amar, Sentir y Querer.

SOULMAN

 

 

Tintineaba la garrafa.

Tintineaba la garrafa, su cristal golpeaba contra el sillín de mi GAC según la fuerza de la pedalada. Parecía contenta del camino que llevábamos, de ida vacía de vuelta llena. La oscura bodega albergaba escondidos los gigantes repletos del preciado caldo que tras posturas reverentes era servido. Todos los ojos apuntaban al grifo, la respiración se cortaba mientras se producía el anhelado trasvase. En la atmósfera embriagadora una vehemente alegría nos inundaba. Prohibido brebaje por entonces, pero tornando con barbilla alta y aire heroico sabedor de la felicidad que entraba en casa. Llegaba el vino.

GARABITO ABEJARUCO

 

 

Todo necesita su tiempo.

Llegar al lugar, coger el sacacorchos y preparar su copa de vino. No era cotidiano, pero sí frecuente y sanador. Los días eran más largos, las noches, eternas. Y ahí estaba ella, preguntándose por las tristezas que le vivían mientras sostenía la copa en su mano. Sabía que no había abandonado lo viejo, aún las ausencias le eran pesadas, pero se animaba al momento. Mientras aproximaba su nariz al cristal, aceptaba que todo necesita su tiempo para poder ser, para crecer… Tiempo como el que acompasó al vino para transformarse en aquel instante que la arropaba.

VIC

 

 

Tu sabor a vino.

Y al amanecer, entre paisajes de viñedos, en aquella habitación de hotel…

Un rayo de sol, asomándose a través de la ventana, acompasaba la puesta en escena;

La temperatura en ascenso auguraba el clímax  inminente, anhelándose entre susurros, desencadenando un ambiente húmedo con el aroma único de la vulnerabilidad.

La uva se encontraba jugosa, carnosa… más grande, en el punto de maduración de sus deseos.

El suelo de la cama, mullido y suave, cómplice de la mejor de sus Elaboraciones: tiempo, amor, complicidad, lujuria…

El equilibrio del cuarteto:

Mi agua convertida en Vino, que embriaga sin beber… Embriagados al sentirlo.

GUIBEDA

 

 

Un brindis por la amistad.

Las tres copas de los amigos entrechocaron con un tintineo, recordatorio de los grandes momentos.

Uno lo vendimió, otro lo estrujó, otro lo sirvió y el último brindó.

El vendimiador creía que siempre se debe brindar en los momentos alegres.

Ahora, tantos años ha, los tres, acompañados de la música del viento y las aves, recuerdan como el cuarto se fue. Nunca se brinda en momentos tristes, pero allí, rodeados de viñedos cargados de rubíes madurando al sol, no se les ocurrió una mejor manera de despedir a su vendimiador.

Brindando con lo que les unió para toda la vida.

SILVESTRE PAREDES

 

 

Un Paseo.

Entré en el coche sin saber dónde íbamos, era un viaje o algo ya planeado. La duda me invadía, ¿podría aguantar sin preguntar…?

Recorrimos kilómetros, no sé cuántos, no me resultaba pesado, salimos de la provincia entramos en otra, más verde, más cuidada, seguíamos en el coche nuestra música favorita de fondo, me encontraba a gusto. Empezamos a subir montañas, blancas, de una tierra áspera como arena de playa pero con piedras, el paisaje parecía de otro mundo, y al final lo vi… ¡eran viñedos! Unas uvas colgaban transparentes, resultando doradas a través del Sol, ¿eso sería vino?

CHARY DE SAN ROMÁN

 

 

Un vino con historia.

La primera vez que una barrica de roble contuvo un hombre, está datada en 1495. El elegido pudo ser un controvertido aristócrata español. La experiencia se repitió durante la Ilustración, con dos figuras destacadas del progreso científico. La leyenda de los hombres conservados en toneles, es hoy una realidad. Rigurosos estudios actuales de los barriles más antiguos de la famosa cava lo acreditan. Si sistema de crianza, confiere al caldo resultante un vínculo atávico con la tierra, con un gusto y aroma sofisticados, inéditos. No es raro que el sumiller más avanzado, exclame al catarlo: ¡Qué vino más sabio!

MISS GERTRUDE

 

 

Viaje hasta tu alma.

Ella contenía las emociones con la mirada absorta de los sonámbulos. Sobre la mesa, una coraza de cristal revestía un sosegado tinto. Al beberlo, el vino dio cabriolas por la angostura de su faringe, brincó entre las paredes de un anudado estómago, atravesando el tenso intestino para fundir su color carmesí con el de la sangre mestiza. Aún entre vaivenes, el líquido teñido caló sobre los músculos luchadores, absorbido y catapultado para chocar de bruces con el turbado pensamiento. El trayecto de pura cepa lo embriagó tanto, que el vino se impregnó de verdadera naturaleza humana. Rompió a llorar.

MARECA

 

 

Vida y vino.

Hay situaciones en la vida, en lo que lo mejor es estar sólo y no hablar con nadie. Pero está claro que sólo, no es bueno estar, qué mejor que nos acompañe una copa de vino para poder llevar esos momentos en los que necesitamos estar alejados de los demás y mirar hacia nuestro interior.

Pero hay una cosa clara, la vida se debe vivir con buena compañía, si además la acompañamos de comida, se hará más llevadera y si todo ello lo aglutinamos con un buen vino… Disfruta la vida y déjate llevar con esos elementos.

BACCHUS

 

 

Vino mágico.

Cuando se acaba la jornada de trabajo la licorería espera más llamativa que nunca, por querer quitar de en medio la imprenta, la casa, el dolor de cabeza…

Por favor, lo de siempre, pidió, y la copa se volvió rosa. La música envolvente acompañaba cada pequeño y seguido trago.

Entre el murmullo, entró como habían pactado cada noche, una mujer. En la misma copa, sí. Esta vez de color rojo.

-Estás más bella que ayer.

-No entiendo, por qué me haces venir cada noche, Federico.

-Deja que disfrute de mi amante-, le dijo a su mujer, pecando, solamente de borracho.

GUERRERO

 

 

Vino… y se quedó.

Vino… y se quedó.

Por las mañanas, en buena compañía,

en la comida, triunfador.

Con un filetito, con un pescadito.

Que rico, que sensación,

y por la tarde, me encanta,

con ese sabor dulce, acogedor, añejo.

Que rico, con un roscón,

ese sabor, ese dulzor, ese amargor.

ChÍn, chÍn. Salud, va por ustedes,

la alegría ¿por qué? No.

Decisiones, una declaración de amor, alguna discusión.

El vino, ese sabor, tinto, blanco, rosado.

Duero, Rioja, Jumilla.

Tanta variedad,

tempranillo, joven, vid,

viña, viñedo, uva, morada, blanca.

MAYTEAL

 

 

Vino “sangre de familia”.

Había llegado el momento. Abelardo, ansioso, y su tío Carlos, aterrado, estaban delante del depósito de 5.000 litros, de madera vieja.

Tienen que catar el vino después de todo un año esperando.

Carlos y su hermano gemelo Abelardo justo hace un año tuvieron una discusión y Abelardo se fue, como solía hacer tras la muerte de su esposa hace cinco.

Abelardo lo prueba: color sangre. En nariz, agresivo. En boca, áspero.

Carlos rompe a llorar y confiesa a Abelardo que su padre está dentro del depósito.

Hace un año discutieron y cayó accidentalmente.

Los dos estaban enamorados de su madre.

AMANTE DE VINOS

 

 

Vocatio.

Nuevamente se encontró delante de unos desconocidos explicando por qué había dejado su prestigiosa carrera para dedicarse a la Enología.

“El vino, para mí, es literatura, música, sonrisas, lágrimas, viajes, tardes de lluvia y puestas de sol. Marida con mantas de lana y sábanas de seda. Es sencillo, fluye.

Me gusta porque está en mí, en cada sorbo, junto a cada experiencia.

La Medicina me dejó la mejor lección, mi motivación para dedicarme a esto. Aprendí que debemos saborear cada momento sin pistas, sin trampas. Salir siempre a disfrutar de la magia y nunca renunciar a presentar batalla”.

TÁNICA

 

 

Y decidió brindar.

Los preparativos de la boda tenían a Gina en un mar de indecisión, de dudas; la pareja estaba eligiendo el menú para el enlace.

La  novia tomó un profundo trago de vino que resbaló por su garganta; la intensidad del líquido le hizo aterrizar en el aquí y ahora.

Era su vino preferido: rojo como la sangre, oloroso como el peligro, embriagador como el miedo; no obstante, ese intenso sorbo, a la par que revitalizaba su alma, avivó su decisión: comenzar una nueva vida.

Ya no habría chin- chin nupcial, la copa, valientemente, la alzaba para brindar por su vida.

MARRAMAMIAU

 

 

26 de diciembre. ¡Feliz navidad abuelo!

Me senté frente a la chimenea con una copa de vino tinto gran reserva, 22 meses en barrica de roble americano, justo el tiempo que no estás. Y me acordé de ti. Me sumergí en el recuerdo de tus manos, de tus caricias, de tu voz mientras miraba el fuego.

Iban sucediéndose las imágenes de nuestras vidas, de mi memoria, como si se tratara de una película del 96. ¡Joder, cuanto te echo de menos!

Me mojé los labios con ese Marqués de Murrieta y me invadió su sabor expresivo, elegante y equilibrado. En ese momento supe que estabas ahí, conmigo.

TU CHIQUILLA

 

 

 

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