Si alguna vez te han dicho que los tintos tienen que ser rojo oscuros o granates, si has oído que los blancos mejor cuanto mas jóvenes, o si piensas que los rosados están hechos con uvas…. rosas?

Bienvenidos al Blog de la Diligente… tenemos mucho de que hablar!!

Los vinos son alimentos vivos, tienen una vida probable (eso que llaman la curva de evolución del vino, que sirve para ver en que momento de su vida estará perfecto para su consumo), y a lo largo de ésta el vino cambia de aspecto. Si! como lo oyes.

Resulta que todos los vinos envejecen. Si por un momento “humanizamos” a los vinos, les pasa que el oxígeno, la luz del sol, las vibraciones, temperaturas, etc. hacen que el vino “sufra”  y por esto mismo se pueda “morir”. Para reducir este proceso es súper importante el “CÓMO DEBO GUARDAR MIS VINOS”, que ya os contaré en próximas entradas.

Cuando un tinto (estoy generalizando) esta recién hecho, normalmente su aspecto es violáceo o azulado debido a los antocianos; los fenoles y polifenoles también son causantes del color  de un vino que, añadido a la elaboración, crianza y envejecimiento del vino, puede tornarse rubí, granate y que vayan apareciendo los tonos tejas o anaranjados.

Esta es la escala de color de un vino tinto de una manera muy sencilla. Pero hay más, por supuesto que hay más, muchísimo más…

En el caso de los blancos, y vuelvo a generalizar, los tonos desde su juventud a su madurez van del verde limón, al amarillo limón, dorado o al ámbar. Siendo estos colores los que nos servirán para entender su vida y el “cómo se hizo”.

Y todo esto para que os lo cuento? Mi intención no es otra que procurar un poco de luz a esto del vino.

Una amiga elaboradora afirmaba con pasión hace bien poco que “el vino es para el hedonismo” y estoy totalmente de acuerdo con ella. La satisfacción que produce un vino atiende a cada una de las notas que lo hacen único. A cada brillo y tono en su copa, a las melodías que bailan el equilibrio de umbral entre aroma y olor… A un trago acariciado que sea capaz de erizarte o de dejarte en silencio y contemplativo como si mil millones de sabores atravesaran toda la piel de tu boca… bocaza!

Disfrutar del vino es fácil, es sencillo. Para eso se hacen los vinos, PARA EL PLACER DE DISFRUTAR

Cada uno sabemos reconocer lo que nos hace disfrutar y lo que no. En una cata que organicé el otro día, un asistente se auto-proclamó como el señor “yo de vinos no entiendo”; nos compartió que a él le apasiona la música, que disfruta escuchándola sólo con los cascos, o yendo de conciertos, que no duda en disfrutarla siempre que puede. Y que aunque tiene compositores y directores favoritos, discos que había oído muchísimas veces, jamás se le ocurriría privarse en descubrir una nueva pieza, un nuevo interprete o cantante, otro punto de vista, otra interpretación, porque podía hacerle disfrutar aun más de esa música que él ama. Yo supe que él si “sabia de vinos” porque es capaz de entender lo que le gusta y sentirse satisfecho con ello.

Disfrutar también es mirar con ojos abiertos, oler con curiosidad y saborear y sentir para atesorar.

“sed de buen vino”

 

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